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jueves, 17 de junio de 2010

Capítulo 45.

ya era demasiado tarde para intentar empezar de cero, nuestros rostros se vieron en silencio y ambos pálidos sin levantar la vista ni un sólo momento el uno del otro. Me seguía gustando, me moría por tirarme ahora mismo a sus brazos, pero yo era demasiado dura conmigo mismo, no podía. Se marchó sin volver la cabeza ni una sola vez más. Si que sentía mil cosas, no sabía lo que quería, quería salir corriendo detrás de él y decirle "te quiero" pero eso no fue lo que mi mente pensó tan solo fue una absurda sensación que me produjo el corazón. Me tiré en la toalla y comencé a mirar las nubes. Decidir es demasiado difícil algunas veces, cuándo todo está oscuro y gris, cuando no sabes que hacer. El cielo estaba más celeste que nunca y como girara la mirada un poco más hacia la derecha los rayos de sol me podían dejar ciega. Mi móvil comenzó a sonar. En la pantalla se podía leer "¡Mamá!", quise no cogerle el teléfono. Respiré y tragué saliva.
-Mamá
-Nicole ¿Dónde estáis llevo media hora llamando a casa?
-Estamos llevando mi Vespa a arreglar.
-¿Tu Vespa?¿qué te ha pasado? Bueno eso ya lo discutiremos en casa. No me gusta decirte esto por teléfono así que por favor venir de inmediato al hospital.
-Mamá ¿es muy grave?
-Me temo que sí.
Su voz se notaba más apagada y triste que nunca. Le hice un gesto a Catherine con la mano y enseguida me vio. Salió empapada.
-¿Qué pasa?
-Mamá ha llamado tenemos que ir al hospital.
Me miró temiéndose lo peor, yo también me lo temía, pero desde el primer momento.
Recogimos todo en menos de cinco minutos, nos montamos en la Vespa las dos a la vez de un salto. Arranqué. No había apenas tráfico, aceleré.

Llegamos al hospital.
La puerta se abrió. Odio el olor de los hospitales, los odio a ellos.
Planta cuarta. Mamá ya estaba llorando dando vuelta sin papar por el pasillo, la papelera estaba a rebosar de pañuelos. La secretaria de papá también estaba ahí, junto a mamá. Sin soltar ni una sola lágrima pero mostrando una sincera cara de preocupación e incredulidad. Mi corazón comenzó a latir fuerte. Me acerqué a mamá y le di un abrazó fuerte.
-Me llamaron que se había puesto peor y cuando pasó un ratito..
Los ojos llorosos, no podía con ella misma. Catherine se acercó y se le saltaron las lágrimas, después de todo ella siempre había sido muy sensible. No sabía lo que sentía, no iba a volver a ver a mi padre nunca más, llevaba bastantes días sin hablarle y pero él nunca había estado ahí para nada, yo no tenía porque ponerme a llorar. Sentía pena eso era indudable, pero nada más.
Se oían los llantos de mamá que decía de vez en cuando que no era justo. Yo no sabía muy bien qué hacer, Catherine trató de consolar a mamá y yo me senté en una silla a esperar que aquel momento pasara, lo más rápido posible.

-Bueno chicas, lo mejor es que os vayáis para casa mientras que yo termino de hablar con el médico.
-¿Seguro mamá?-le respondió Catherine.
-Es lo mejor.
Yo permanecí callada sin decir ninguna palabra.
Me levanté y me alejé con Catherine de aquel pasillo que siempre recordaría que ojalá nunca volviese a pasar.

-Qué fuerte.-me dijo Catherine con las lágrimas en las mejillas.
-Yo no me lo creo.
Ninguna de las dos dijo ninguna palabra en todo el camino. Llevaba la Vespa algo nerviosa, no iba deprisa porque tenía miedo.
Abrí la puerta de casa y le di un abrazo a Catherine.

-Es mejor tirar para adelante y ayudar a mamá ¿vale?-le dije a Catherine en un tono muy suave.

Estaba pensando que por qué yo no estaba igual de mal que Catherine o mamá. No me sentía con tanto dolor no tenía ganas de llorar. Y encima estaba pensando en que mañana no iría a clase. No me entiendo a mí misma.
-Vale- susurró Catherine con la voz mu apagada.
Ella se fue a su habitación, no sabía que hacer. Eran las dos y diez. A mamá no le daría tiempo de hacer la comida, es más igual no tendría ganas de comer. Pero habría que intentarlo. Nunca había cocinado,tan solo sabía prepararme bocadillos de nocilla y cereales con cola-cao pero debía de hacer algo para animar un poco más a mamá. Estaba demasiado pálida, su color era blanco y tenía muy mala cara. Además no había dormido nada la noche anterior. No sabía que hacer de comer. Tenía que ser algo fácil de hacer y que no tardara mucho. ¡Una sopa de fideos! Claro eso para mi madre, para mí y Catherine una hamburguesa.
Abrí el mueble había fideos. Y el caldo debía de estar congelado. Mamá siempre tenía caldo. Abrí el congelador y estuve mirando a ver cual de todos aquellos botes era caldo de pollo. Lo encontré. Encendí el fuego de la vitro y puse una olla donde eché el cando congelado y los fideos. Eso estaría bueno de todas formas. Lo puse a seis y lo dejé.
-Catherine voy un momento al supermercado.
-Vale
Salí de casa. Y fui andando hasta el súper, que estaba detrás de mi casa. Fui a la sección de carne y cogí dos hamburguesas de esas que ya vienen echas.Y de paso también cogí un paquete de galletas de chocolate.
-Son doce con setenta y cinco.
Le di el dinero justo y me fui.

Capítulo 44.

El sonido de las olas ya rebotaba en nuestros oídos. Tan solo quedaba torcer la rotonda a la derecha y estaríamos tumbadas en la arena. El Sol brillaba como a pleno agosto, mi pelo estaba bastante caliente. Deje la moto en los primeros aparcamientos que vi. Catherine bajó antes que yo y se puso un sombrero. Quite las llaves y puse el candado a la Vespa,después me baje y cogí mi bolsa.
Nunca antes había estado por las playas de barcelona,siempre me había limitado a pasar mis veranos en madrid capital yendo a la piscina y quizás algún que otro día me iba a la playa con Sophie. Al recordar su nombre se me saltaron las lágrimas, tenía que llamarla. Hacía meses que no hablaba con ella,no sabía nada de nada de ella. Seguramente estaría igual que siempre,quizás con suerte para ella se habría echado novio pero ningún cambio más.
-¡Nicole espabila!-gritó Catherine.
-Voy enseguida.
Catherine empezó a andar, recorriendo todas las dunas hacia abajo por las tablitas de madera. Salí corriendo detrás de ella.
La playa estaba desierta,había quizás algún que otro hombre haciendo futing algunas señoras charlando y unas cuantas pandillas de chicos que tenían pinta de aberse escapado de un reformatorio. Una de ellos me clavó la mirada.
Catherine tendió su toalla.
-No, ahí no.
-¿Por qué?
-Por que eso esta muy lejos del mar, un poco más cerca.
Arrastró la toalla unos cuantos metros más abajo.
-¿Aquí esta bien?
-Estupendo.
Extendí mi toalla también. Y me quite la ropa. Me eché un poco de aceite y me tendí al sol.
El calor era sofocante, en unos cuantos minutos empecé a sudar. Aquello no era normal, pero me gustaba. Intenté cerrar los ojos y pensar en algo agradable pero no conseguía más que volver atrás en el tiempo y llevar a mi mente ciertos recuerdos de mi infancia que tenía junto a mi padre. Saqué´el ipod de la bolsa y lo encendí. Suena "Bipolar" de Pol. Me sabía de memoria la letra de esa canción. Comencé a tartamudear en bajo algunas palabras y cerré los ojos.
-Me voy al agua ¿vienes?
-Vale.
Dejé el ipod en la toalla y salí corriendo detrás de ella. Me volví hacia atrás aquel chico nos seguía mirando. Estaban bastante lejos apenas podía ver sus caras. Dejé de mirarlos y volví a mirar hacia delante. El agua estaba helada. Aquel cosquilleo que sentí en los pies al mojarme un poco me puso la piel de gallina.
Catherine ya estaba dentro.
-No puedo. -le grité.
-Vamos que tampoco esta tan fría.
-Esta helada.
Volví hacia la toalla y me coloqué nuevamente el ipod. Estribillos de canciones muy conocidas pasaban por mis oídos. Volví a cerrar los ojos.
Ahora me encontraba en la puerta de mi casa y Jonh me estaba besando, mil imágenes pasaron por mi cabeza,luego la noche de mi cumpleaños con Bob, cuando le dije que no. Me quite los cascos con fueza. No quería recordar.
Una mano me tocó la espalda.
Al principio tuve miedo,luego lo reconocí. Sus labios se iban acercando muy lentamente hacia los mios, no quería,ya me había convencido de que no era lo correcto, él no estaba en mi fututo.
-Bob,¿qué haces aquí?
-Pasaba y venía a saludarte.
-¿A saludarme?
-Si.
-Bueno pues hola.
-Hola.

lunes, 7 de junio de 2010

Capitulo 43.

En la televisión no echaban nada entretenido,nada que valiese la pena. Catherine se acercó a mí se sentó al otro lado del sofá. Y me cogió una galleta.
-Sabes ¿qué?-me dijo entusiasmada. La mire un poco intrigada.
-¿Qué?
-Lo único importante es gustarse a sí mismo no gustar a los demás, destacar esteticamente no es importante.
Me quedé un rato mirándola como embobada sin decir nada. Tampoco es que estuviese pensando algo, simplemente comía una galleta y la miraba.
-Sabias palabras.
-Como han cambiado las cosas Nicole.
-Y nunca volveran a ser lo que eran.
-No digas nunca.Nunca es imposible.
-Esta semana te ha dado por leer mucho ¿no?
-¡Jaja! No te piques Nico.
Le dirigí una mirada desafiante. Mamá estaba bajando las escaleras,sus tacones volvían a oirse,llevaba la misma falda que en el hospital. No se había cambiado, sólo se había pintado un poco y había cogido un bolso más grade.
-Chicas que me voy al trabajo,portaos bien ¿vale?
-Claro mamá, pero hoy no has dormido ¿no?
-Ya pero yo tengo que ir a trabajar.
-Bueno vale,que te vaya bien-le respondí haciendome la responsable
-Bueno chicas y apagad ya la televisión y poneros a estudiar que los finales ya estan aquí.
-Si mamá ahora mismo la apago cuando acabe la entrevista.
Ni siquiera sabía a quién estaban entrevistando, no tenía ni idea de que programa estaba puesto. Y tampoco pensaba apagar la televisión y de ningún modo irme a estudiar. Le dirigí una sonrisa y ella me la devolvió. Se metió las llaves de casa en el bolso y sacó las del BMW abrió la puerta y luego la cerró sin apenas hacer ruido, se montó en el coche y arracón. Por la ventana podía ver como se alejaba en la carreteraa y ya la perdí de vista. Deje de mirar la ventana y volví a coger otra galleta y la mojé en cola-cao.
-Nico ¿qué piensas hacer?
-Estudiar duro.
-¿Estudiar?¿Enserio?
-Ni de coña.
-Lo sabía, ¿entonces?
-No sé…
-Jaja ¡cuentame lo de la Vespa!
-¿Todavía te acuerdas de eso?
-Venga ya, Nicole no te hagas la tonta.
-Pues verás,salí de casa por que había quedado con Samanta y la Vespa se me quedó parada en medio de la carretera.
-¿Y?¿Como fuiste?
-Pues no puede arrancar y entonces apareció él con su moto y yo no quería subir, pero al final subí y me llevó.
-¿Él? ¿quién es?
-Bob.
-¡Estas loca! Pero aún sigo sin entender porque llegastes tan tarde a casa.
-Porque luego me llevó a un sitio super extraño y quería …ya sabes.
-Dios que cerdo.
-El caso es que le corte. Y ya no lo he vuelto a ver. Bueno en realidad solo han pasado horas.
-Jaja, eres…
-¿qué soy?
-no…nada. Eres mi hermana.
-Ya claro.
Nuestras miradas se cruzaron y ambas nos levantamos a la vez.
-¿Vamos en bici a buscar mi Vespa?
-Vale.
Cogí las llaves de casa y salimos. Me aseguré de cerrar bien la casa y cogí mi bicicleta, Catherine se subió en el sillín y yo iba pedaleando.
-Verás ¡que nos caemos!
-Tranquila esto lo hacen en todas las películas-le contesté para tranquilizarla. En realidad en todas las películas que lo hacen las chicas acaban en el suelo. Como me temía yo también que íbamos a acabar porque la cuesta arriba la llevaba cada kilómetro pero.
-Tu ves demasiadas películas.
-Tienes razón, pero todas románticas.
-¡Jajaja!
La verdad finalmente no acabamos en el suelo ninguna de las dos, tuvimos momentos de tensión pero nada más. Ahí justo dónde yo la había dejado estaba mi Vespa abandonada.
-Ahora ¿qué hacemos?-me dijo Catherinemientras se bajaba del sillín poco a poco.
-No sé dame la rueda que traigo en la cesta.
-Toma
-Ven ayudame a tumbar la Vespa, por fa.
-Dios mio como pesa.
Catherine cogió del manillar y yo de la rueda pinchada trasera. La volcamos en en suelo y le sacamos la rueda le pusimos la nueva y la volvimos a poner de pie. Luego cruzamos los cables del motor para ver si funcionaba y la moto arrancó.
-¡Génial!
-Vas para mecanica Nico.
-Ni lo sueñes.
-Estúpida.
Catherine se suibió en la bicicleta y yo arranqué la Vespa. Salimos a la carretera y procuré ir lo más despacio posible iba casi al mismo ritmo que Catherine. Hacía bastante calor, lo normal a finales de mayo.
Llegamos a casa . Estábamos algo cansadas las dos.
-¿Nos vamos a la playa?
-¿A la playa?
-¡Si!
-Jaja enserio Nicole estás loca.
A eso no le contesté pero me reí bastante, al parecer mi hermana no conece otro adjetivo para describirme. Todo el mundo esta loco, rematadamente loco.


Cogí una cesta y un biki que me había comprado en Zara hace unos días. Me quité la ropa y me lo puse cogí unos pantalones cortos y una camiseta y las chanclas. Metí la crema y el aceite en la bolsa y también algo de dinero que había en el mueble del pasillo.
Bajé dando chanclazos y Catherine ya estaba en la puerta esperándome. Metí las llaves de casa y mi móvil también el bolsa y cogí del llavero las llaves de la Vespa. Las dos nos subimos. Enseguida arranqué.
La playa estaba relativamente cerca del pueblo donde vivíamos. Pasando unas cuantas montañas ya se comenzaba a ver. La inmensidad del mar azul cielo y el sonido de las olas que mil recuerdos de verano me traía.

Capitulo 42.

Permanecimos unos segundos más allí sentadas. Catherine se acercó a mí.
-Cuentamelo
-¿El qué?-le respondí haciendome la tonta
-Lo de tu Vespa.
-Te he dicho que en un hospital no.
Catherine me frunció el ceño y se marchó algo enfadada. Se volvió a sentar en la silla de antes y comenzó a ojear revistas. Mamá salió por fin del despacho,venía hacia nosotras caminando derecha y un poco deprisa. Sus tacones hacian ruido y retumbaban por todo el pasillo del hospital. Se sentó en la silla justo al lado mia y se colocó la mano en la frente.
-Nicole cariño,que bien que hayas venido.
-Mamá ¿qué te han dicho?¿se va a poner bien?
-No lo sé.
A juzgar por su mala cara la cosa no debía ir muy bien.
-Mamá y no es posible que esta enfermedad la tuviera de antes. Papá siempre ha fumado y bebido mucho ¿no?
-Nicole pero no sé.
-Pero puede ser. Y también puede ser que solo haya querido venirse con nosotras porque sabía que se iba a morir.
-No digas tonterías.
-Pues a ver dime la razón por la cual volvistes con él.
-No lo sé, me acuerdo que fue en tu cumpleaños, él me pidió perdón, me beso,fue un momento mágico.
-Pero ves no te dio ninguna explicación.
Me crucé de brazos y le dirigí una mirada intensa a mi madre, ella la esquivó y trató de mirar hacia otro lado,como ignorándome. Catherine se acercó y se sentó al otro lado de mamá. Dejó la revista en una mesa.
-Mamá que te han dicho.
-Pues nada. Qué posiblemente entre en coma.
-Dios mio,pero eso no puede ser-dijo Catherine finjiendo tristeza.
Es verdad, yo no puedo negar que sea mi padre. Pero la verdad nunca me ha tratado como si yo fuese su hija, nunca me ha comprado nada nunca ha venido a darme las buenas noches nunca ha jugado conmigo cuando era pequeña,nunca ha hecho nada importante por mí. Siempre pasaba todos los días fuera y siempre tenía muchos viajes de negocios los fines de semana y casi no le quedaba tiempo para estar con nosotras. Sólo estaba con nosotras cuando veíamos Sexo en Nueva York. La verdad no tengo porque ponerme triste con su muerte. No tengo porque llorar. Quizás lo lamente un poco porque mamá se va a quedar sola otra vez pero ya esta.
El médico salió de la habitación donde estaba papá. Traía mala cara. Pero era normal los médicos siempre tienen mala cara, los médicos siempre son unos antipáticos.
-Señora de Yonson.
Mamá se levantó imediatamente y se dirigió hacia la puerta.
-Su marido ha entrado en coma denifitivamente.
-¡Oh dios mio!
-Lo siento, haremos todo lo posible. Pero hemos encontrado en su pulmón derecho un tumor porvocado por el tabaco. Que según nuestros criterios parace ser que no es reciente.
-¿Qué me quiere decir con eso?
-Que lo del pulmón él lo ha tenido que saber con anterioridad.
-Pues yo no tenía ni idea. Bueno cualquier novedad me avisan, ahora tengo que irme a casa.
-De acuerdo. Adiós buenas noches señora.
-Adiós y gracias.
Había escuchado la conversación de principio a fin. Me levanté nada más que le médico se volvió y me dirigí a mamá.
-Ves mamá.
-No se yo Nicole,igual tu padre no lo sabía.
-O igual sí.
No me respondió y cambió de conversación rápidamente.
-Bueno chicas son las siete hoy no ireis al colegio.
Mamá sacó del bolso las llaves del coche y yo me fui a recoger mi bicicleta.
Le quité el candado y me subí, comencé a pedalear iba casi a la misma velocidad que mi madre pero con el tiempo ella me fue adelantando. Yo cada vez me quedaba más atrás.
Llegué a casa. Fui a la cocina y cogí dos paquetes de Chips Ahoy y cola cao. Me lo llevé a la televisión y comencé a comermelo todo. Mi plan bikini que en teoría ya debería a ver acabado no había empezado, pero me daba igual. Tenía hambre y encima me iba a comer otro colacoo con más galletas. Me empecé a reír yo sola por lo que estaba haciendo y porque me iba a perder el exámen de hoy. ¡Veremos la selectividad!
Y yo sola el sillón viendo la televisión no paraba de comer mientras me reía sin causa ninguna.

Capitulo 41.

Te sientes inútil cuando hay situaciones en las que no sabes lo que hacer. En las que dudas varias veces como actuar ¿Qué hacer?.
Dejé el móvil encima de la mesilla y me tumbé en la cama. Comencé a hojear una de las revistas del cajón, aquellas revistas de moda que siempre están criticando a la gente que no tienen cosa mejor que hacer que meterse con alguien, que arruinarle la vida pública. ¡Qué se jodan! Cerré la revista con fuerza y la estampé contra el suelo. Me abracé a la almohada y cerré los ojos.
Mi móvil comenzó a sonar, había conseguido coger el sueño. Descolgué.

-¿Si?

-Nicole, hija estamos en el hospital. Siento no haberte avisado antes.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Me costaba respirar.

-Mamá pero ¿qué ha pasado? ¿algo grave? ¿voy para ya?

-Papá..

-¿Papá qué?

-Se le ha parado el corazón de forma repentina.

-¿Un infarto?

-Puede ser, lo están intentando reanimar.

-Voy para ya.

Colgué el teléfono y me lo metí en el bolsillo de los vaqueros. Cogí las llaves de casa y la bicicleta, ya qué mi Vespa estaba en medio del campo rota, y comencé a pedalear. El frió y la oscuridad de la noche hacía que el camino fuese más lento y agotador. A pesar del frío las subidas y bajadas hacían que me sudaran las piernas. Mi coleta no paraba de tambalearse y mis manos temblaban en el manillar. El sillín estaba empapado de sudor y de mis ojos caía una que otra suave lágrima. Aún no sabía ni yo misma porque lloraba. Si por mi padre o por las situaciones tan extrañas que había vivido en estos últimos días.
La puerta del hospital. Dejé la bicicleta en la puerta y entré corriendo.

-Señor Jonson

-Pasillo tres. Puerta numero 345 a la izquierda.

-Gracias.

La chica de recepción me hizo una extraña mueca. Lo que me asustó aún más.
Enfermeras apresuradas con camillas, señores mayores apoyados en su bastón, colas y colas para realizarse un análisis de sangre y yo corriendo por todos los pasillos. Por fin delante de mis narices habitación 345.
Abrí la puerta sin llamar, sin golpear, sin pedir permiso.

-¡Papáaa!

Había un hombre negro con unas gafas de sol y lleno de tubos. No creo que la parada de corazón afectara a la forma física de una persona.

-Lo siento, disculpe.

El hombre permaneció callado, tan solo miraba. Y miraba eso que a mi no me gusta que miren.
Le dirigí una mirada de avergonzada y salí corriendo de aquella habitación.
Fui al cruce donde estaban todos los pasillos. ¡Mierda había ido a pasillo cuatro!
Volví en el ascensor con una enfermera. Las dos bajamos hasta el pasillo tres y yo fui corriendo hasta la izquierda, chocándome con todo el mundo. Pero llegué. Allí estaba Catherine en la puerta algo nerviosa.

-¡Dios mió por fin! ¿Cómo esta?

-Pues sigue sin responder.

-Joder..

-Pero que extraño ¿no?

-Al parecer esto es muy frecuente últimamente. A muchas personas se le para el corazón de un momento a otro y se quedan en coma durante muchos años, unos quizás consiguen despertarse pero otros no lo hacen jamás.

-Tienes razón. No me quiero quedar sin padre ahora que por fin lo tengo.

-Ni yo. Pero después de todo él nunca nos ha querido.

-¿De verdad piensas eso?

-Sí. No hay más que verle la mirada. Yo creo que él ya sabía que se iba a morir y solo ha venido a pasar sus últimos días con nosotras.

-No digas tonterías Catherine por dios. ¿Y mamá?

-Hablando con el médico, ya no tardará en salir.

-Eso espero, por que estoy que me muero, vengo en bicicleta.

-Pero ¿y tu Vespa?

-Se encuentra en extrañas circunstancias.

-¡Cuéntamelo ¡

-No creo que un hospital sea el lugar más adecuado para contártelo.

-Jaja a saber lo que le ha podido pasar. Y a ti, que por cierto últimamente llegar muy tarde a casa.

-Problemas de personas mayores.

-Será eso ¿no?

-Por supuesto.

Y estallamos las dos en una extraña carcajada. Y nuestro padre a punto de morirse. La vida es tan extraña, las circunstancias tan inesperadas, los momentos tan raros. Lo que nos taca vivir, para después morir.

Una señorita se acerco a nosotras.

-Silencio chicas por favor

-¡Perdón!- respondí yo mirando a Catherine.

Fuimos a la salita de espera y nos sentamos cada una en una punta. Comenzamos a ojear una de esas revistas que yo tanto odio. En cada página una comparación, joder el mundo si que no tiene estilo.

Y volví a reírme. Por todo, por mi vida, por mi misma.
Quizás los demás tengan razón al decir que si el mundo nos da mil razones para llorar debemos demostrar que nosotras tenemos mil y una para reír.

Capitulo 40.

Pero hay veces que sí, que te gustaría conocer el futuro. Qué sientes miedo pero no sabes a qué. No podía seguir con él, no entendía lo que me sucedía. Todo había pasado tan deprisa, todo, no había estado lo suficientemente atenta a todo cuanto me había sucedido en estos últimos días. Yo mañana tenía clases y este último mes me juego todo para selectividad, no puedo estar haciendo tonterías con un niñatos que no me quiere...

-Llévame a mi casa-dije algo seria, me abroché la camisa y me levanté de su lado bruscamente.

-¿Qué te pasa?

-Pues que tan sólo somos amigos.

-No

-¿Ah no?

-Pues no

-¿Entonces? No lo entiendo. De todas formas llévame a mi casa por favor, o me voy hadando.

-Pues que somos algo más que amigos.

Se levantó él también. Se le notaba algo tímido, aturdido, sin saber bien que decir. Continué yo la conversación, ya me había decidido.

-No, no lo somos. Somos simplemente amigos.

Me miró extrañado. Su chulería, sus intentos de hacerse el graciosillo de querer dejarme en ridículo cesaron, era como si la persona que tienes delante de tus ojos no es la misma que has tenido hace unos diez minutos. Pero seguía sin cambiar de opinión, quería tener un futuro. Y el futuro a veces, tan solo a veces se puede elegir, y yo lo había decidido él no iba a estar en el mío. Y ahí se acabo todo en ese mismo instante en el que salí de aquella estrecha cabaña en el que él arranco la moto y me dejo en la puerta de mi casa en ese momento, toda la ilusión todos lo sentimientos se esfumaron y ya ni el uno ni el otro éramos nada.

Me sentía extraña. Abrí la puerta intentando no hacer ruido.
Subí las escaleras, todo esta totalmente oscuro, no se oía ningún ruido. Me asomé a la puerta de la habitación de Catherine, pero ella no estaba. Me extrañó y fui al dormitorio de papá y mamá. Tampoco había nadie. Era la una de la noche. Me pareció algo súper extraño. El corazón me comenzó a latir, con fuerza.
¿Y si se pensaban que yo había desaparecido?
¿Y si les ha pasado algo?

Más preguntas para añadir a mi biblioteca de preguntas sin respuestas.

No sabía que hacer era la una, me daba cosa llamar al móvil. Tenía miedo, y si tal vez sea verdad que todo el mundo tenga miedo aunque solo sea una vez en su vida, en la que esa extraña sensación de no saber lo que pueda estar pasando te cause miedo. Todo me parecía extraño. No sabía que hacer, tampoco podía dormir, no quería ponerme el pijama, no quería acostarme en la cama, no quería hacer nada…

Capitulo 39.

Sus giros y vueltas eran absurdas. Me senté en la tierra algo húmeda, era consciente de que me ensuciaría los pantalones, pero me moría del cansancio. Él no cesaba.
-Puedes parar ya joder ¿qué coño busca?-me salió así aquella frase, luego al mirarlo repentinamente a lo ojos me arrepentí de haber dicho aquello pero me quede callada mirándolo.
-Yo juraría que estaba por aquí…-dijo no muy seguro
-Pero ¿el qué?-dije algo mas sosegada.
Como yo sentía él no me contesto. Se quitó el chaleco y comenzó a andar hacia delante. Buscando entre los árboles algún secreto escondido, algo que sin duda alguna yo estaba deseando conocer. Tenía sueño.

-¡Aquí está! ¡No te muevas!-gritó mientras corría hacia mí, no me dio tiempo a levantarme del suelo cuando lo encontré frente a frente conmigo. Me puso su sudadera amarrada en los ojos y me cogió en brazos.

-¡Suéltame..!
El miedo, la inseguridad de aquel momento y él no saber lo que iba a pasar cinco minutos más tarde pudieron conmigo. Comencé a dar patadas, a chillar una y mil veces. Luego cuando me soltó, cuando me quitó su chaleco, cuando contemple el mar y una pequeña cabaña llena de pétalos de rosa, cuando vi aquello, mis cinco sentidos quedaron paralizados y ni yo misma sabré expresar nunca como me siento en este momento, en este preciso instante.
Lo miré fijamente y no sabía que decir, no sabía que se dice en aquellos momentos, nunca me había pasado. Creía que me iba a raptar, que me mataría, que iba a ser un chulo, que nunca iba a ser como yo me lo imaginaba, que él no era quién yo pensaba, que todo era un lió una confusión dentro de mi cabeza.
Él me seguía mirando con aquella miranda, mirada de la que nunca, como ya puedes comprobar, vas a saber lo que te espera.
Pero bueno, es mejor así. Es mejor, no preparar un dialogo, si no que salga solo, no preparar la cita, si no que surja sobre la marcha, no elegir al príncipe de tus sueños, si no que el tiempo te lo traiga, no elegir el lugar, si no que el futuro te lo ponga delante de tus narices. Así es la vida. No sabes nunca lo que te va a pasar, ni con quién.

-¿Y bien? ¿Vas a seguir callada toda la noche?-me preguntó.

-No,tonto...

-Encima me llamas tonto. Pero que mal educada que eres.

-No empieces por favor, que la cosa iba estupendamente hasta ahora.

-¿Qué empiece? Pero si aquí la única que ha empezado eres tú.

Me dio un beso. Luego me tiro a la cabaña, me hizo cosquillas en el cuello y comenzó a besarme por todas partes.

El cielo, la tierra, el mar, se convirtieron en uno. Todo era entupidamente perfecto, todo.

Como yo decía nunca planifiques tu futuro, jamás quieras saber lo que te espera.

Capitulo 38.

-¿La señorita esta lista ya?

-Pareces mi padre enserio- dije mientras lo miraba fijamente a los ojos.

-Yo no creo que tu padre piense lo que pienso yo.

-¿En qué piensas?

-Es un secreto.

-En una relación no hay secretos.

-Lo nuestro no es una relación.

-¿Ah no?

-No, simplemente somos dos amigos.

-Entonces ¿solo amigos?

-Pues sí.

Me subí en aquella moto otra vez. La conversación me daba vueltas por la cabeza “solo amigos”.
Había un tráfico intenso a las diez menos cuarto de la noche. Estaba oscureciendo y apenas se veía el mar con claridad.

-Mi casa es por el otro lado.-grité mientras le di un tortazo en la espalda. Pero permanecí agarrada fuertemente a él.

-¿Quién te ha dicho que vamos a ir a tu casa?

-¿Adonde vamos?

-No lo sé, a un lugar.

-Por favor llévame a mi casa.

No me contestó. Me estaba comenzado a agobiar, pero los nervios la histeria, las ganas de meterle un tortazo en la cabeza, las ganas de mandarlo a la mierda con un solo chasquido de dedos, se me esfumaron en un segundo y volví a estar tranquila.
No me importaba estaba con él, con mi amigo. Tan solo era eso después de todo.

Fui mirando los árboles que me encontraba a derecha y a izquierda. Ya no había coches.
La noche estaba cayendo, no se oían apenas ruidos en aquel lugar, la carretera se iba estrechando poco a poco hasta que fue desapareciendo.

Aquello era típico de los secuestros, de una película en la que la chica es secuestrada por el chico pero ella no esta enamorada. Lo que ocurre es que en este caso la chica si que lo esta y profundamente.

Comencé a sentir frío. Quise volver a cerrar los ojos pero no pude, la frialdad y oscuridad de la noche me lo impidieron.

Paro la moto en seco, en aquel descampado lleno de árboles. Totalmente insólito y despoblado. Tan solo se oía a lo lejos el leve susurro de las olas.

Sentí miedo por un instante.

-¿Qué es esto?

-Un lugar

-Bobo, eso ya lo sé.

-¿Ahora tienes miedo?

-Ya te he dicho que yo no tengo miedo.

-¿Seguro?

-Segurísimo.

Comenzó a dar vueltas sin ton ni son. Giraba sobre sí mismo, contemplaba los árboles como buscando algo. Pero ese algo yo lo desconocía y por la impresión parecía que él también.

Capitulo 37.

Seguí mirándolos por un segundo. Me quedé embobada mirando aquellos besos tiernos y dulces fruto de un amor sincero. Casi me daban ganas de llorar por no ser yo la que estaba ante esos labios, labios que me pertenecían, labios que me habían tocado a mi primera.
¿Pero qué coño estoy diciendo yo? Joder esto de estar en la cola no me va en absoluto.

-Pídeme un helado de chocolate que yo voy fuera a coger mesa

-Tanto te ha afectado verlos

-¡Estúipida!

Los dejé atrás. No creo que se hayan dado cuenta de que estoy en la misma heladería que ellos. Le lancé una mirada de desprecio a Samanta y me fui a la parte de fuera a coger una mesa al sol.
Apoyé los codos sobre la mesa y comencé a fijarme en la gente que pasaba.
-¡Aquí lo tienes!

-Gracias

Lo cogí y me levanté de la mesa. Cogí la cucharilla y comencé a tomármelo.

-No me apetece estar sentada- le dije a Samanta

-¿Y para que coño vienes a buscar sitio?

-Pues la verdad que no lo sé

-¡Jaja! Me sorprende tu torpeza Nicole

-Oye tú, deja ya de insultarme ¿no?

-Verdad, me das pena. Te ha traído Bob. ¡Anda que es más feo el pobre!

-¿Feo? A mi me parece mono

-Jaja! ¡A Nicole le gusta Bob!

Y ahí uno de nuestros lapsus infantiles. Somos dos pobres gilipoyas que no hancen otra cosa que estudiar. Bueno sí, pasarlo bien.

Me tiró a la carretera, salió corriendo detrás de mi.

-Bueno, mira quién esta ahí.-me dijo Samanta

Me giré, estaba esperándome con la moto arracada.

-¿Dispuesta a no ir mañana a clase?-me dijo con un tono irónico que no me sentó nada bien.

-Y ¿tú? ¿Estas dispuesta a no volver a ver la luz del sol nunca más.

-Jaja, adiós Nicole, un beso

Le di un abrazo muy fuerte. Ambas sabíamos que la una sin la otra no podríamos vivir.

Me fui corriendo hacia la moto con Bob.